Durante las últimas semanas he
leído tres libros que me entusiasmaron: La mala costumbre de Alana S. Portero,
Martinete del Rey Sombra de Raúl Quinto y A parte fácil de Ismael Ramos. Creo
que estos tres libros tienen en común lo poético como eje por el que transita
lo narrativo. Quizás no sea extraño al tratarse de autores que también escriben
poesía, pero si lo poético es un elemento común es, a la vez, singular, porque
cada voz tiene identidad propia, algo que quizás no siempre se concreta de
manera tan efectiva en textos de carácter estrictamente narrativo.
Hoy dejo aquí mi lectura de La
mala costumbre, de Alana S. Portero, un libro que, me parece, es necesario
leer. Creo que hay que agradecerle a Alana que lo haya escrito y toda la
honestidad que destila su palabra. Pasaron varias semanas desde que lo he
leído, así que esta es ya la síntesis de una lectura reposada.
La voz narrativa es eficaz y
próxima por lo que, enseguida, una se sumerge en la historia que la protagonista
nos cuenta en primera persona. Este libro me dejó la sensación de que todas las
adolescencias se parecen, en tanto que suponen una búsqueda de la identidad que
se sustenta en el reconocimiento de los otros. Si esto es así, toda esa
angustia existencial, la necesidad de referentes y de integración grupal o la
sensación de soledad de la adolescencia, debe profundizarse hasta lo
extremadamente doloroso en el caso de las adolescencias trans. Así nos lo hace
sentir Alana que durante la novela nos hace el regalo de cedernos la piel de la
protagonista (¿su piel?) y sus miedos. Aquí los otros son su familia, sus
vecinas y vecinos, e incluso el propio barrio de San Blas que para mí encarna
otro personaje en la novela. A la protagonista la vemos expresar su identidad a
través de los sueños y expectativas que toda adolescente tiene. También la
vemos dudar, frustrarse y renegar de sí misma. Apremiada por la realidad, la
observamos construir armario tras armario.
Es a través de lo onírico que se
expresa a la perfección en lo poético, que ella se integra en la bondad y la belleza
de la que es parte. Ella crea su imaginario y se reconcilia consigo misma en
las figuras de esas referentes que nos va presentando a medida que transcurre
en la novela y que, en ocasiones, están dotadas de atributos místicos que
favorecen que nosotras también las reconozcamos. Como dije al principio, creo
que hay que leer esta novela dura y bella, también esperanzadora. Si esta
sociedad tiene una deuda con las personas trans, algo de lo que no hay duda,
leer libros como La mala costumbre nos pone en el camino correcto para comenzar
a repararla. Además del placer que supone porque, repito, Alana S. Portero nos
está haciendo un regalo al escribirla y tenderla hacia nosotras….
Por cierto, el final es redondo y
toca otra de las cuestiones fundamentales, más si cabe en los márgenes por los
que esta novela discurre: los cuidados.
2 comentarios:
Estoy agradecido por la originalidad y autenticidad que transmites a través de tu escritura. ¡Gracias por ser genuino!
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