Imagen: Rocío Verdejo
las manos del sueño
se me disputan
a uno y otro lado
me bambolean
mi lecho transcurre en curvas
duermo en incesante marea
náufraga entre espectros
sólo quiero anclarme a la orilla
y despertar
los cabellos hasta los pies
espesos
mojados
me arrastran al fondo
bailan en féretro
alrededor de mí
(capas de agua
como flor que se cierra)
un peso de hombre
inmoviliza mi cuerpo
el rostro una mancha oscura,
borrón de tinta
(recuerdo roído por la carcoma
sepulta mi grito en serrín)
picotea mi piel
cual ave rapaz
(siempre supe que acabaría
de carroña para pájaros)
con el único ojo que me queda
veo entre su pico
el globo ocular
arrancado de cuajo
(llora lágrimas de sangre)
pasan a través de él
las imágenes de mi vida
pródigas
volátiles
una escena de amor
a la que asirse…
finalmente se cuela
en el cubilete de su garganta
el pico abierto
de nuevo se aproxima
(despacio)
a mi única fuente de luz
uno tras otro
se despiden en reverencia
los colores que descubrí en mi infancia
en algún lugar
gime la manecilla de un reloj
(es la hora)
mis pestañas
agitan sus patas
sobre las cuencas vacías
como arañas vueltas del revés
en el envés de mi ceguera
brilla el filo de una espada
arma blanca
que en mi pecho
con vestido rojo
cubre su desnudez